¿Cómo manejar la frustración en la infancia?

¿Cómo manejar la frustración en la infancia?

La frustración es una de las emociones más desagradables pero más frecuentes en nuestras vidas. Es por eso, que es importante enseñar a los niños/as a gestionarlas y a tener modelos de reacción adecuados para estas situaciones.

Si somos capaces de darle a nuestros hijos la oportunidad de equivocarse y empezar de nuevo, y si tienen autonomía para ello, les estaremos ayudando a ser personas que manejen adecuadamente la frustración, seguras de sí mismas, que no abandonen y persisten en sus propósitos.

En este capítulo de nuestro video blog hablamos sobre la gestión de las emociones, necesaria para trabajar la frustración. 

Claves para ayudar a los niños/as a gestionar la frustración

  • Dar seguridad siendo congruentes entre lo que hacemos y lo que decimos (los niños/as lo imitan todo) y poner límites claros. Aprender a decir «No», anticipando las normas y las consecuencias.
  • No ceder ante las rabietas. El miedo del adulto al llanto hace que caigamos en sus demandas. La falta de tiempo y paciencia nos lo dificultan.
  • Usar un lenguaje adecuado evitando palabras trágicas. “Terrible”, “desastre” generan una carga emocional negativa. Intentar usar términos más neutros y sin contenido emocional intenso. Evitar frases ambiguas y generales cuando pongamos una norma como “portarse bien” (esto es muy general, no específica que es aceptable y que no). Hay que explicarles de forma clara y concisa lo que queremos que hagan.
  • Dar autonomía y responsabilidades. Debemos dejarles explorar, no hacerle todo. La autonomía y la responsabilidad son elementos clave para ganar en confianza. Cuanta más experiencia acumulen haciendo cosas solos, tomando pequeñas decisiones en su día a día, menos miedo tendrá a repetir nuevos retos y no necesitará tanto del adulto. Podrá ser más espontáneo y tomar iniciativas.

  • No temer a las experiencias nuevas por anticipación de fracaso. Ayudarle a encontrar a tener un pensamiento positivo, soluciones creativas y alternativas al plan original. Evitar que abandone sin intentarlo. Enseñar a los niños/as a mantenerse en su empeño, fortalece su determinación y constancia.
  • Enseñarles a tomar decisiones asertivas. Revisar las posibles consecuencias a sus decisiones y ver con cual de ellas se compromete. Ayudarle a elegir la mejor opción es un buen entrenamiento.
  • Reconocer las emociones en la frustración y enseñarle a expresarlas. Es importante darse cuenta de cómo se siente y piensa cuando las cosas no son como quiere. Expresarlas ayuda al niño/a a evitar agresividad o resentimiento.
  • Enseñarles a pedir ayuda. En ocasiones hay una reacción exagerada e inmediata cuando no logran lo que quieren conseguir a la primera. Es necesario que sepan que otras personas pueden ayudarles  y pensar entre todos en una solución constructiva, no para solucionarlo por ellos. La rabia es un sentimiento normal al que hay que dar salida a través de la forma adecuada.

  • Reforzar sus éxitos. “Ley del 4×1” Algunos expertos cuentan que por cada castigo necesitamos 4 recompensas para equilibrarnos de nuevo. Admitimos peor una crítica que un halago. Se recomienda no sobre saturar a los niños/as de castigos, juicios o críticas de forma innecesaria. Esto hace que se inmunicen al castigo o que las consecuencias negativas no tengan efecto. Es mejor animarles a que consigan un premio que eviten un castigo. Si terminas tus deberes podrás jugar 10 min más a tu juego favorito funciona mejor que te quedas sin ver la tv. No infravalorar sus problemas.
  • No les evites las desilusiones o las decepciones. Ayúdale en ese momento.
  • No hagas cosas por ellos. Deben enfrentarse a los que les preocupa como si fuera un reto más en la vida.
  • Cuidado con la sobreprotección. Esto le hará más dependiente  y más inseguro,

Conclusiones para manejar bien la frustración

En resumen, aunque nos cueste debemos darles la posibilidad de ser autónomos, de tomar decisiones, de explorar a solas sin juicios negativos, de equivocarse y de que gestionen adecuadamente sus fracasos. Así habremos conseguido que tengan un buen nivel de seguridad en sí mismos y, en consecuencia, aceptarán mejor los pequeños obstáculos de cada día.